lunes, 1 de septiembre de 2014

Colorin clorado: un final feliz realizado.


En la séptima fecha de la Liga Postobón Deportivo Cali tenía como rival a Atlético Junior en el Pascual Guerrero. Con este partido los dirigidos por Héctor Cárdenas cerraban la pequeña serie de esta semana en donde se jugaron tres cotejos en condición de local. Todos por competiciones distintas.

El DT verdi-blanco realizó una sola modificación para enfrentar al equipo de la arenosa respecto al partido por Copa Sudamericana. Víctor Giraldo entraba por Yerson Candelo y con ello el once titular presentaba el mismo sistema: 4-4-2 en rombo. El preferido por Cárdenas. Al que ha trabajado sin cesar para llevar acabo la filosofía de juego que tanto pregona. En ese sentido, Hurtado aparecía bajo los tres palos. Nasuti-Mera como pareja de centrales y Giraldo-Fabra sobre los laterales. Pérez como pivote acompañado en los interiores por Helibelton (der) y Cabezas (izq). De enganche oficiaba Caneo y en punta lo hacían Rivas y Herrera. Lo acostumbrado.

El encuentro iniciaba con una peculiaridad: los asistentes chiflaron, desde el primer instante, a Juan Guillermo “Carachito” Domínguez. Quién pasara por la institución marchándose de forma no grata y echándole leña al fuego con sus actuaciones provocadoras desde su partida. La censura colectiva fue indirectamente proporcional al juego ofrecido por el equipo.

Deportivo Cali iba a tener en la cabeza de Herrera la oportunidad más clara iniciado el primer tiempo. “Barranca” no conectó bien el balón de cabeza y el remate salió por encima del horizontal de la portería norte. Siempre los primeros minutos son de furia. Intensos. Hay que devorarse al rival y si es dando el primer golpe, mejor.

No obstante, esto iba a ser el preámbulo del dominio del equipo de Comesaña. Los barranquilleros, formados en un 3-4-3 (sistema tendencia tras el mundial, como lo deja claro Chema Bravo en esta entrevista otorgada a Ecos del Balón) , se acoplaron en defensa y empezaron a generar ventajas a un Deportivo Cali que no encontraba la forma de engranar juego en ataque ni de paliar el juego ofensivo de los tiburones. Quiñones fue relevante para que Atlético Junior fuese superior: ganó espaldas de Pérez, dibujó líneas de pases, sus conducciones superaban presión y líneas, se giró, creo ventajas, etc. No le podían parar. Era un arroyo de caudal airado que bañaba el gramado del sanfernandino.

Obstinados en atacar por derecha, Deportivo Cali era previsible. Fácil de controlar. Las ideas no encontraban combustión en Caneo mientras Rivas iba una y otra vez al banco a recibir instrucciones técnicas convirtiéndose en presa de ellas pues nunca encontró lugar en cancha. Se le veía fuera de órbita a él y al equipo, que era fiel reflejo de la intranquilidad que mostraba Cárdenas sobre la pista atlética.



En el último cuarto Deportivo Cali se sacudió. Esto, en gran parte, gracias a una maniobra ejecutada sobre Herrera y que terminó con un remate del mismo yéndose afuera por poco. Sergio estuvo muy activado. Comprometido. Nunca ahorró un suspiro. Sin duda alguna, era junto con Hurtado, Nasuti y Pérez, la columna vertebral que sostuvo al equipo en medio del flojo rendimiento colectivo.

Los camerinos saltaban a la vista y con ellos la posibilidad de que el equipo cambiara la marcha. La hélice debía girar más y mejor. Había que dejar claro que lo mostrado en Copa Sudamericana era fruto del trabajo y la búsqueda incesante de una idea-estilo y no producto de las casualidades. Con un Andrés Pérez en “estado de gracia” la mejoría no se resistió. Era imposible, la comprendo.

El primer cuarto de tiempo transcurrido fue parejo. Atlético Junior sostenía el balón mientras Viera no sufría peligro alguno. Sin embargo, Deportivo Cali irradiaba otra tonalidad en cuanto a juego. Los comportamientos defensivos, al igual que la actitud, se asomaban por otra orilla. Eran opuestos a los mostrados en la primera parte. Deportivo Cali salía con otro traje, o quizás el mismo, pero con unas costuras hechas por Cárdenas.

Las puntadas llevadas a cabo por el DT iban a encontrar ritmo, vida, energía luego de la entrada de Yersón Candelo por Caneo. La aguja capotera para dar fin a la estocada. El motor indispensable para que el encontrara mejor rodaje. Con esta modificación Rivas, que ya se mostraba más eléctrico-movedizo, paso a jugar a espaldas de Herrera y conformar un 4-4-1-1 en el cual era la referencia entre líneas al mismo tiempo que se encargaba de dar continuidad al juego. Deportivo Cali era superior y un remate que estrelló con la testa Cabezas en el horizontal de la portería sur constituía la prueba fidedigna de dicho dominio.

El segundo tiempo que se estaba consumando no llegaba a la perfección por la ausencia de su principal bailarín: el gol. Candelo y Rivas lo intentaron pero sus remates no llevaban rumbo de anotación. Con Mosquera y Lizarazo (remplazaron a Giraldo y Rivas, respectivamente) sobre el terreno, y a falta de poco más de diez minutos para completar el tiempo reglamentario, iba a llegar la chance más clara de gol. La cuestión era que iba a caer en los pies de quién tiene un conflicto arduo con la hinchada: Lizarazo. Carlos, increíblemente, despilfarraba la opción. Esto, creería yo, por querer romper la malla. Angustiado. Necesitado de reparar su vínculo para detener las injurias ya vividas en un pasado reciente y que de nuevo lo acechaban (inaudito, sin más. Los insultos, claro. “Es mejor alentar que putiar” rezaba una de las frases de la campaña del Frente Radical Verde).

Ver como se esfumaba el gol fue duro. Pero la ilusión seguía inmersa en carbón prendido. Ese gol que llega en lo último se refugiaba en la esperanza de la misma forma que el sol buscaba abrigo a las espaldas de Cristo Rey. Las situaciones de riesgo habían mermado pero, sobre la bocina, Juan David Cabezas, en una lucha inalcanzable por anotar, impactó con su cabeza un envío desde el tiro de esquina venciendo a Viera y haciendo estallar en júbilo a todos los fanáticos. El estadio se vino abajo. Las ganas de gritar un gol vaciaron los pulmones de igual forma que todo el Pascual se unía a la coreografía impulsada desde la tribuna popular a través de un cántico. El liderato, de momento, dormía en La Casona.

El pitazo final trajo consigo más de lo mismo. El jolgorio y la algarabía incrementaron los decibeles. Los jugadores su sumaron al canto y coreografía representada en la popular y el estadio volvió a vibrar. Pasión desenfrenada. Capitulo estreno para cerrar la mini-serie que tuvo como escenario el Pascual.

*Foto: Facebook oficial Deportivo Cali.

Por: John Alegrias.

Twitter: Culpable_

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