La derrota ante Deportes Tolima en la fecha anterior produjo una semana agitada y áspera en la atmósfera del equipo verde y blanco. Pecoso, además, durante la semana rellenó esa atmósfera con declaraciones fuertes, polémicas y dirigidas que lo único que hicieron fue dar como un resultado un ambiente, en general, tenso y pesado para recibir a Alianza Petrolera por la fecha 5 de la Liga Águila.
Todo esto salió a flote en el primer tiempo frente a Alianza Petrolera. Y es que la primera etapa fue una tela que llevaba estampada la inestabilidad fruto del duro golpe en Ibagué, la inseguridad del equipo, la desconfianza que produce tener el balón en los pies, la turbiedad del aire causada por un público impaciente, desesperado; la nula generación de juego, la escasez de ideas, la fragilidad defensiva, la imposibilidad de provocar situaciones de gol, etc. Mejor dicho, fue una tela en blanco porque el Deportivo Cali nunca ofreció un juego que aportara al “arte del espectáculo” que es el fútbol. Nunca exhibió un juego detectable a la vista del aficionado. Los camerinos, para los jugadores, significaron un oasis de tranquilidad y respiro aunque la marcha hacía ellos fuera una tormenta de silbidos, improperios e insultos de distinta gravedad.
Para el segundo tiempo el ingreso de Roa mejoró, por mucho, el rendimiento futbolístico del equipo sobre la grama de Palmaseca. Candelo empezó a incidir en el hábitat que él encuentra mayor comodidad y en la cual mejora su desarrollo: la banda (se insiste en poner a Yerson de enganche pero ahí se le ve incómodo, fuera de lugar, fastidiado, parece algo nocivo) y el peligro hacia el arco de Jérez fue aumentando con el correr de los minutos. Deportivo Cali ofreció una imagen distinta. No obstante, Hernández tuvo trabajo en su arco, y por él y el desacierto de Alianza en ataque, no vimos caer nuestro arco. El deseo de todo el equipo por llegar al gol dio como resultado el quedar desprotegido en el aspecto defensivo y las alarmas -llegadas en contra- no dieron tiempo. Se buscó la victoria pero Jérez, los travesaños y la ineficacia la negaron.
Fernando tiene mucho trabajo por delante: trabajar con el grupo en lo futbolístico y, sobretodo, en lo anímico. Levantar mentalmente a un grupo que se fue abucheado no es una tarea simple. Las decisiones, las buenas decisiones, deben de emerger porque su equipo, como él mismo lo expresó, “aún no logra bailar” deportivamente. No encuentra una idea que imprima un estilo de juego reconocible, dominador y rentable.
Por último -es algo que debo dejarlo escrito-, no me cabe en la cabeza cómo alguien que se considera “hincha, aficionado, seguidor del Deportivo Cali va a insultar, chiflar y demás; depositando en el grupo de jugadores su angustia corrosiva como si abuchearlo lograra una mejoría en el juego y desconociendo que lo único que hace es colocarlo a luchar contra dos corrientes:la oposición que plasma el rival y el tener que aguantae el desquicio-desazón en “su propio estadio”. Para mejorar, primero, hay que reconocer que el Deportivo Cali somos todos: jugadores, cuerpo técnico, junta directiva y aficionados; por ende, el progreso se debe construir en conjunto y con una actitud positiva pues, de seguir así, ni el mismo “Pecoso” lograría competir en un entorno perjudicial, inhóspito. Qué mejor ejemplo que el bochornoso final que todos presenciamos.
*Foto: www.elpais.com.co
Por: John Alegrias
Twitter: Culpable_
Columna hecha para: www.hinchadaverdiblanca.com


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