Ir al “corazón del Valle” no terminó siendo saludable para el Deportivo Cali en su décimo partido en la Liga Águila. Y no lo fue porque los errores salieron a flote, minuto a minuto, una y otra vez, como si el juego esperara a su término una especie de resignación por lo que pasó y lo que no.
El desarrollo de la primera etapa del Deportivo Cali iba a ser el fiel reflejo de lo expuesto en la introducción a este texto. Bueno, lo fue todo el partido. De hecho, los primeros minutos bastaron para entender que “las garantías en defensa” no terminan de llevar la impronta que el técnico desea ni adherir la solvencia necesaria para que, cuando se juega mal -como ayer- , por lo menos la pegada que tienen los de arriba termine de endulzar el trámite de un compromiso difuso.
Deportivo Cali no logró, casi nunca, combinar en el frente de ataque por dos razones: la desconfianza que imprimía un terreno irregular para que los jugadores se atrevieran a dar un pase y el aplomo del conjunto tulueño en zona defensiva. Dicho esto, la idea fue ser conservador, esperar en campo propio y tratar de sacar alguna ganancia con transiciones rápidas que pocas veces surtieron efecto en el cuadro de De La Pava. Se hizo muy poco en el primer acto y sin embargo los camerinos acogieron al equipo verde y blanco con la victoria entre las manos gracias a un penal sobre Fabra que Preciado se encargó de enviarlo al fondo de la red.
Al iniciar la etapa complementaria Mendieta empezó a pedirla, incidir y ser participativo, cosa que hizo que se gozaran de varios toques a ras de piso sobre el campo rival para armar juego. Además, ya la actitud para ir al ataque era distinta pues Fabra se incorporó mucho más y Candelo, gozando de libertad, empezó a hacerse del balón y a generar juego. Esta disposición deja claro lo que Pecoso dijo y creí escucharle alguna vez: la charla en el entre tiempo resulta ser un envión al cual el equipo se está acostumbrando. Lo anterior puede ser bueno o malo, según como se interprete.
Ese cambio de ánimo iba a ser empañado por una expulsión tempranera de Andrés Pérez que para los jugadores fue como si se les taladrara los huesos. Tanto así que de inmediato Cortuluá tuvo un penal que Ibargüen decretó para poner el empate. El plan azucarero, que había tomado otro rumbo tras las duchas, tuvo que volver a su cauce. Cali replegó hasta su arco y tras el robo tuvo espacios para el contra-golpe pero no quien dirigiera de forma acertada.
La expulsión no iba a ser el último fallo que crucificara al equipo pues a Cabezas, en su intención por salir jugando, le interceptaron un balón que termino en los pies de Ibargüen a quién no le falto frialdad para vencer a Hernández y dibujar en el marcador la ventaja a favor de los tulueños. El golpe que significó la expulsión sumado a un ataque desprovisto de chispa, imaginación, creación y demás, y en el que solo Preciado parecía estar enterado de que perdían, dejaba sobre la mesa un partido que nunca pareció tener otro destino que la derrota aunque jugar en igualdad de condiciones a poco del final permitiera el entusiasmo y la esperanza de alcanzar, por lo menos, una derivación que no aterrizó.
Deportivo Cali sumo su tercera derrota en Liga Águila poniendo en práctica un juego irregular al que no se le vio dinámica y explosión en campo contrario ni seguridad y rigor en defensa -aspecto repetitivo en lo que va jugado de la competición-. Hoy, más que nunca, los desaciertos colectivos en defensa pasaron factura a un equipo que si no rodea y aprovecha su contundencia en ataque tenderá a sufrir a lo largo de la competición.
*Foto: www.elpais.com.co (Galería de imágenes Cortuluá vs Deportivo Cali)
Por: John Alegrias
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