Deportivo Cali afrontaba su segundo partido de Copa Águila frente al América de Cali con una nómina que incluía ocho jugadores de la cantera (sin incluir a Guaza, que también es canterano) promulgando e izando en lo más alto de Palmaseca la idea en la cual Pecoso, los directivos y la hinchada tienen puestas sus esperanzas, deseos, creencias e ilusiones: apostarle a la cantera, ir a la batalla con unas “fuerzas básicas” que hace mucho vienen pidiendo terreno para demostrar sus habilidades.
Así, desde el primer minuto este grupo plagado de juventud, ganas, vigor y demás salió con la intención de proponer a partir del balón y hacer daño, principalmente, con las subidas de sus laterales. En el inicio, el partido estuvo cortado y aquí el equipo verdiblanco lució su mayor deficiencia: incurrir en la falta cuando iba al corte (seis faltas antes del minuto 15´ acumuló Deportivo Cali en campo propio). Se jugaba mayormente en el campo del rival de patio pero no se poseía claridad para promover ocasiones de gol al toparse con el último cuarto. Roa era quien más y mejor juagaba entre líneas, aprovechando su buen manejo del balón.
América ejerció un mecanismo de salida al cual el Cali no le encontró solución y los rojos no maximizaron: atraer en derecha para luego abrir hacia Viáfara con envíos largos que los posicionaban fácil en campo azucarero. Y no sacaron rédito por la imposibilidad de armar juego y por la solvencia de, en primera instancia, Guazá y Valencia y, en segunda, por el sobrio trabajo de la dupla Quintero-Mondragón. El trabajo defensivo no era perfecto pero los riesgos hacia Hurtado se redujeron aunque el arquero juvenil tuvo trabajo y respondió cuando le tocaron al timbre. El primer tiempo culminaba dejando remates al arco en ambas porterías y con una superioridad leve del equipo del “Pecoso” sobre la cancha.
Para el segundo tiempo la disposición fue similar o mayor. Deportivo Cali dio un paso adelante en el campo en detrimento de su rival que apostó a esperar para luego asaltar la portería sur por medio de los “rápidos que tenía arriba” (Lasso-Rivera-Mercado). Valencia aquí se hizo eje: pidió el balón mostrando carácter y personalidad, alzando la cabeza y haciendo válida la frase de que “lo bueno viene en pequeñas cantidades”. Antes del primer cuarto América tuvo dos situaciones para irse adelante con su modificado plan de juegopero las malas decisiones y remates evitaron que se transformaran en anotaciones.
Deportivo Cali, como en la primera etapa, jugaba en campo contrario pero no hallaba continuidad al llegar a zonas de aceleración en donde aparecían los errores, especialmente en Murillo que no sincronizaba con el circuito, desajustado para entregar y lento para recibir (anticipado muchas veces). Los espacios no abundaban y tampoco se generaban. No se causaba a Meneses mayor molestia ni preocupación.
Un salto enriquecedor vendría tras el cambio por lesión de Valencia (sustituido por Arboleda). Pecoso envió a Ramírez a acompañar a Guazá y el panorama se iluminó; por dos razones: Arboleda le dio desequilibrio por derecha y Ramírez, en una noche espléndida, hizo del balón su razón más preciada. Cali antes de la media hora había producido dos ocasiones en la que en una no contó con suerte y en la otra el arquero rival reaccionó de forma estupenda. El gol se presentía e iba a iniciarse en el jugador que más errático había estado en cancha, Murillo, e iba a contar con una secuencia de pases formidable (Casierra y Guazá a un toque) que Arboleda finalizó de manera magistral venciendo a Meneses.
El equipo se sentía y se sabía superior; y es que era imposible no serlo con un Ramírez inspirado, que retrasado encontró más espacio-tiempo y manejó a su antojo todo balón que pasó por el medio, dirigiendo al equipo al progreso futbolístico y al triunfo con una técnica y visión de campo envidiable. Su partido se iba a sellar con una asistencia de lujo para Murillo que, como casi siempre, acaricia las redes porque el gol le persigue y duerme con él a donde vaya.
El trabajo del conjunto, una vez más, y con el grupo “alterno”, demostró que la idea de “Pecoso” está calando en los jugadores. No importa si son los “emergentes” pues se trabaja con 25 jugadores y todos deben pregonar la misma filosofía de juego proveniente del DT. Siempre hay que mejorar, pues nunca un partido será perfecto pero cuando el equipo se entrega, demuestra sentido de pertenencia y, sobretodo, plasma una idea y una estrategia, el entorno próximo (aquí entramos TODOS) no brinda nada diferente a la alegría, la arenga y el amor para aquellos que saltan a la cancha portando estos colores.
*Foto: www.deportivocali.co
Por: John Alegrias.
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