Enfrentar en Palmaseca un partido sin hinchada ha hecho eco en el transitar del Deportivo Cali. Con esto no quiero decir que “seamos los hinchas los culpables de la derrota”, ni que los jugadores sean los únicos que deban ser condenados y mucho menos que Fernando Castro sea el responsable a señalar. No obstante, debo decir que la arenga, emotividad y empuje que vienen de la grada fortalece a un grupo que, cuando se dispuso a mirar hacia el interior de su casa, se sintió solo.
Deportivo Cali sintió la soledad/ausencia de su público y el desamparo de un juego que, casi nunca, halló respuesta alguna desde lo futbolístico. El equipo mostró en los minutos iniciales esa actitud que arropa al rival y lo domina pero esto no duró mucho y antes del primer cuarto ya no había rastro alguno de la advertencia que había hecho Preciado tras estrellarla en el vertical de la portería sur.
El rival logró aplacar la furia inicial y llevó al Deportivo Cali a la confusión, a la anarquía, al continuo desespero que provoca el jugar mal. Nunca se mostró un comportamiento colectivo en campo rival y por eso costaba superar las líneas del rival que, agrupado y ordenado, neutralizó los intentos individuales de un Cali sin engranaje, imaginación e ideas. Los caminos no se definieron y el gol de Arango los hizo mucho más borrosos. Nadie aparecía, nadie se hacía líder y los gritos de Hernández reflejaban el mal juego que se estaba haciendo y se hizo.
La desorientación se agravaría tras el golpe certero de Burbano que venció a Hernández, quien ya había salvado, en doble oportunidad, una situación de riesgo. La falta de alguien que lograra una abstracción del caos vivenciado, para interpretar y leer el juego, conllevó a que se viera un equipo que tropezaba consigo mismo, que jugaba sin tener claro a qué jugaba, que es algo similar a abordar un bus sin saber para dónde va. A este deficiente juego se sumaron las lesiones, como si faltara agregar más piedras a un barco hundido.
Se perdió pero no por ello hay que crear alarmas de incendios de grandes magnitudes, como es costumbre en nuestros alrededores. Lo que hay que sopesar y preguntarse es, ¿está el equipo preparado para afrontar juegos sin sus piezas reconocibles? ¿Cómo hacer que el funcionamiento sea el mismo sin importar las piezas? ¿Qué hacer y qué no para corregir? ¿Cómo gestionar la derrota? ¿Qué cualidades tienen mis jugadores y, en base a ello, qué es lo más conveniente? En fin, y más interrogantes que podrán salir; porque el equipo, esté quién esté, debe salir a flote en cualquier escenario.
Primera derrota de local y ante un rival serio, que viene demostrando un buen juego y las razones de su espectacular campaña. ¿Deportivo Cali? A levantar la cabeza pues es en los momentos difíciles que hay que aferrarse a lo que se viene trabajando para que la derrota no trunque las direcciones y encuentre fondo, soluciones, límite.
*Foto: www.elpaís.com.co – Galería de imágenes del Deportivo Cali – Envigado
Por: John Alegrias.
Twitter: Culpable_


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