domingo, 20 de julio de 2014

Arranque funesto e impensado.


Deportivo Cali recibía a Boyacá Chicó en Palmaseca por la primera fecha de la Liga Postobón 2014-II. Una vez más el equipo ajedrezado sería el conjunto con el que la institución verde y blanca daba inicio a un torneo.

Cárdenas utilizaba un once que incluía varias novedades respecto a su último partido en esta segunda etapa del año. Giraldo, Mera y Fabra entraban en defensa. Pérez volvía al doble cinco. Candelo y Rivas junto a Lizarazo ocupaban la zona de la media-punta. Y Herrera jugaba como punta de lanza.

En los primeros minutos el conjunto visitante intentó realizar una presión alta, robar en campo contrario y tratar de confeccionar ataques directos sobre la portería sur de Palmaseca. Deportivo Cali logró encontrar espacios, además de zafarse de la primera presión de Chico, y en el ecuador de la primera etapa ya cosechaba casi 4-5 opciones de gol que habían terminado en nada debido a que la definición no había sido la mejor. Las triangulaciones sobre ¾, sobre todo por banda derecha, eran un suplicio para la defensa boyacense. Candelo explotaba una y otra vez el espacio permitido combinando con Lizarazo-Rivas de forma permanente al igual que con Giraldo. Ese andarivel era el preferido por el equipo a la hora de sumar en ataque.

La inclemencia del sol obligó al referí a detenerel partido sobre el meridiano de la etapa inicial para que los jugadores se hidrataran. Este descanso le acento mejor al equipo dirigido por el polémico Pimentel. Corrigió en defensa, adquirió solidez y equiparó el juego. Hizo que al Deportivo Cali le costará encontrar vías de ataque, abrir espacios, lograr profundidad. Rivas y Lizarazo, que entre sus pies tuvieron la posibilidad de abrir el marcador, intentaron pero sin lograr mayores frutos.

Chicó pasó de presionar arriba en el amanecer del partido a replegar, aguantar en campo propio, robar y activar el ataque con contragolpes que tenían en Juan Pérez su máximo ejecutor. Aquí Nasuti tambaleó varias veces. Lento, inseguro con balón, falto de ritmo, franqueable en el 1×1, etc. La grada lo observó y se lo hizo notar.

Tras el descanso, los dirigidos por Héctor salieron a buscar el gol a través de un juego que había perdido claridad, dominio y control. No aparecía la frescura para someter a Boyacá Chicó y menos una gestión óptima para propiciarla. Caneo ingresó por Rivas para intentar mejorar la circulación, montar juego, suministrar ideas. Nada salió. Carlos, que era uno de los que más insistía y mejor jugaba, tuvo que mirar si el partido tomaba otra tonalidad desde el banquillo. Quizás si estaba dentro la iniciaba. Es decir, no entendí el cambio. No hay argumento que expone.

Cada vez que Deportivo Cali enfrenta escenarios en los que tiene que superar cerrojos, repliegues bajos, actitudes defensivas sólidas, presión intensas, etc; le cuesta. Y más si no tiene jugadores que participen con frecuencia y acierto. Sostener a Herrera, por ejemplo, cuando ha jugado un partido tan malo, es sacar fuerzas estando abatido. Las situaciones de riesgo no se creaban con facilidad y, así, todo termina en centros al área improductivos. Chicó llevó el encuentro a donde quería: no se le desbordó estructuralmente, ató al Deportivo Cali y se encomendó a faltas y contragolpes. Su esperanza iba a florecer.

A falta de un cuarto de hora para terminarse el encuentro Miguel Murillo, quien había ingresado por Giraldo, enviando a Candelo al lateral, sacudió el encuentro tras impactar el balón en un rebote, de primeras, y hacerlo estrellar en el palo luego de que Chaux rozará el esférico. El golero del Chicó, a lo largo del encuentro, ahogó varios gritos de gol impidiendo la celebración azucarera.

Cuando el empate parecía firmarse llegaría ese ruido final que entorpecería la tranquilidad. Ese ruido cortante, frío, vertical, que significa el gol del rival. Aquí, como dice Marcelo Bielsa, el fútbol demuestra ser el arma más injusta del planeta pues de méritos tiene nulo conocimiento. La jugada del gol, en la que Pérez sale expulsado además de ofuscado, iracundo con sus compañeros, tiene su origen en un tiro de librea favor ejecutado de forma apática en el cual el rebote no es obtenido por confusión (Candelo-Fabra no se decidieron en quién tomaba la pelota) y se concede la transición al rival. Ríos, tras libre directo y en doble oportunidad, clavó el balón en la portería norte del Coloso y nos dejó impávidos, estupefactos y desconcertados. En el fútbol no siempre gana quien mejor juega. Leonel Pérez y los suyos lo sabían, además de que festejaban.

Los silbidos al terminar el encuentro no se hicieron esperar. Las derrotas, como siempre, son de los técnicos. Pero contra Chicó la falta de contundencia, efectividad, esa costura final no mostrada por los jugadores fue la que impidió que el canto fuese otro. Deportivo Cali aqueja una falencia conocida y que ya hace un tiempo viene merodeando el entorno futbolístico, deportivo, del equipo: la falta de pegada. Si antes no creábamos opciones y las pocas las desperdiciábamos; hoy se producen y generan oportunidades que no quedan en manos de finalizadores o que, simplemente, en su definición no cuentan con ese ápice de fortuna necesaria.

Boyaca Chicó logro tres puntos sorprendentes además de consolidarse, en el pasado reciente, como uno de los “dolores de cabeza del Deportivo Cali” que no logra vencer al conjunto ajedrezado hace ya más de 4 años. El siguiente reto será Atlético Nacional. Esperemos que la eficacia llegue envalentonada con goles, porque la urgencia, como dejan ver muchos y con algo de razón, viene por el lado de los resultados. Esos que se resisten, en el caso de hoy, por una falla conocida. También hay que hacer un llamado a la determinación para que el ¡Al fin ganamos! Sea una expresión menos pronunciada.

Twitter: Culpable_ de Jhon Alegrias para http://www.hinchadaverdiblanca.com/

*Foto: El País. Jorge Orozco. Wirman Ríos.

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